chile en argentina (acerca de un recorrido semanal)

Fue la semana pasada, lo recuerdo como si hubiera sido la semana pasada. Luego de un monótono y extenuante viaje de 170 kms. puse pie en la ciudad que me vio crecer (si es que alguna vez me vio) y caminé a casa, como todos los viernes. En San Pedro las cuadras parecen cada una más larga que la anterior en la medida en que me acerco a dichas coordenadas. La ansiedad pretende correr a escondidas delante de mí. Y la explicación es fácil: mi vieja hace los mejores chorizos a la pomarola. Mi hermano, futuro esquizoanalista, siempre lo ha dicho: "si existe la objetividad, hela aquí", a lo que yo le respondo mecánica pero fervientemente: "de todas las subjetividades, esta es la más objetiva". Y créanme que lo creo.
En casa había otro estudiante de psicología, amigo de mi hermano e invitado a pasar el fin de semana con nosotros, nativo de Punta Arena, en el sur de Chile. Presentación mediante, y luego de un intercambio de preguntas rompehielo e introductorio, emprendimos el viaje más exquisito que un goloso puede desear: la comida de la vieja.
Con Cristian acostumbramos a (perdón, Cristian es mi hermano. Debí presentarlos antes: Cristian, el lector; el lector, Cristian). Ahora sí. Decía que con cristian tenemos la costumbre de ver una película cada vez que vemos una película. Así que después de la cena nos acomodamos en nuestras sillas y nos dispusimos a escuchar música (porque ese día no vimos ninguna película).
¿Keaton o Chaplin? Esa fue la pregunta de un sábado que amanecía a eso de la una de la tarde. El maquinista de la General sucedió al almuerzo y la respuesta fue tomando forma: ¡Cuántos colores pueden fugarse de una línea en blanco y negro!¡Cuántos gritos puede vociferar el cine mudo!¡Cuánto Keaton hay en Keaton!
En Inglaterra ya había pasado la hora del té. En San Pedro era la hora del mate. Y mermeladeando unas tostadas estuvimos hasta que mandamos al sol a dormir (era ya tarde para que anduviera merodeando si es que pensaba levantarse temprano al día siguiente). Anfitrionamos al huesped y salimos a pedalear las calles nocturnas. -"San Pedro es fotogénica" dijo. Y no pude más que asentir con cierta displicencia, ocultándole las mismas asimetrías que la ciudad pretende esconder al turista. No se tardó demasiado para darse cuenta por sí mismo que no todos los caminos son asfalto ni todos los hogares agua corriente.
Retornamos, y así una nueva cena, las pampas chilenas, un nuevo almuerzo, un cuarteto de cuerdas, los cerros jujeños, una vieja cena, y una más, otra vez otra película, y un par de etcéteras que son siempre interesantes.

3 comentarios:

Rizosfera dijo...

Me presento, soy el Chile y además el epilogo.

Celebración de una rutina siempre novedoda, me gustó.

termino de leer y tengo la sensacion que la estrucutura del texto es similar a ese "tené un mensaje" cuando no llegaba. Mensaje que, no como Godot, aveces llega o aveces no llega. Pero nunca nunca "esta por llegar" ó "esta llegando"

vladimir dijo...

"Celebración de una rutina siempre novedosa". Está buenísima la perspectiva. Es la repetición de la diferencia! jua jua!!

Diego.- dijo...

No todo tiene que decir todo. O no todo tiene que decir nada. Ni todo tiene que decir algo. Pero seguro que algo quiere decir algo, o lo que es más, algo quiere decir todo.